El precio de una página web corporativa varía tanto porque bajo el mismo nombre se venden cosas distintas: desde una plantilla con los textos cambiados hasta una plataforma con buscador, integraciones y contenido escrito desde cero. Lo que encarece una web no es la cantidad de secciones, es cuánto hay que decidir antes de construirla.
¿Qué hace que una web cueste más que otra?
- El contenido. Si la empresa entrega los textos, el proyecto es más corto. Si hay que investigar, entrevistar y escribir, es otro trabajo.
- Las funciones. Un sitio informativo y uno con buscador de productos, filtros o cotizador no se parecen en nada por dentro.
- Las integraciones. Conectar la web con un CRM, un ERP o una pasarela de pago cambia el proyecto por completo.
- El diseño. Adaptar una plantilla es rápido. Diseñar desde la identidad de la marca toma tiempo y se nota.
¿Conviene la opción más barata?
Conviene cuando la web solo tiene que existir: una empresa que vende por otro canal y necesita presencia y credibilidad. No conviene cuando la web es parte del proceso comercial, porque entonces cada punto de fricción —una página lenta, un formulario confuso, una propuesta mal explicada— cuesta consultas que nunca sabrás que perdiste.
¿Qué debería incluir cualquier presupuesto serio?
Pide que el presupuesto diga explícitamente estas cosas, porque son las que luego generan discusiones:
- Quién escribe los textos y quién consigue las imágenes.
- Cuántas rondas de cambios están incluidas.
- Si el sitio queda a tu nombre: dominio, hosting y accesos.
- Qué pasa después de entregarlo: soporte, actualizaciones, respaldo.
- Si incluye versión móvil, velocidad y estructura para buscadores, o se cobran aparte.
¿Y el costo después de lanzarla?
Una web no se termina el día que sale. Tiene hosting, dominio, actualizaciones de seguridad y contenido que envejece. Un sitio que nadie toca en dos años pierde posiciones y empieza a dar una impresión equivocada de la empresa. Ese costo es pequeño comparado con rehacerla, pero existe y conviene preverlo.
En corto
- Lo que encarece una web es la decisión previa, no el número de páginas.
- Si la web forma parte de tu proceso comercial, lo barato se paga en consultas perdidas.
- Pide por escrito quién escribe, cuántos cambios entran y qué pasa después de entregarla.
Si estás evaluando rehacer la tuya, en desarrollo web explicamos cómo trabajamos cada una de esas decisiones.